Capitulo V Heidelberg
Capítulo V
Heidelberg
(o la ingenuidad como combustible
narrativo)
Ir a Heidelberg fue, durante mucho
tiempo, el punto luminoso de toda esta historia. Tres meses de investigación en
un lugar donde el tiempo parecía obedecer reglas claras. Donde una semana
duraba una semana. Donde un archivo estaba donde decía estar. Donde una
biblioteca no desaparecía de un día para el otro.
Pasaba horas leyendo. Tomaba notas
con letra prolija. Me sentía seria. Productiva. Intelectualmente legítima.
Pensaba —y esto ahora me resulta casi tierno— que el doctorado recompensaba ese
tipo de conducta.
Creí que
el sistema veía el esfuerzo.
Creí que la seriedad aceleraba los procesos.
Creí que investigar bien tenía efectos prácticos.
Volví con material suficiente para
escribir una tesis sólida. Volví también con una confianza que el sistema se
encargaría de erosionar lentamente, sin violencia, con paciencia
administrativa.
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