Capitulo VII Siete ejemplares encuadernados

 

Capítulo VII

Siete ejemplares encuadernados

(o el día en que creí, honestamente, que había terminado)

La entrega de la tesis ocurrió a fines de 2022, en una fecha que no recuerdo con precisión porque, en ese momento, el calendario había perdido todo valor simbólico. Lo que sí recuerdo es el peso. El peso físico de los siete ejemplares encuadernados, prolijos, idénticos, alineados dentro de una caja grande que parecía diseñada para que una sintiera, en los brazos, la dimensión real de lo que estaba entregando.

Los cargué con cuidado. No por fragilidad del papel, sino por respeto. Eran años. Eran lecturas. Eran noches. Era Heidelberg. Era la pandemia. Era la prórroga. Era todo eso convertido en hojas numeradas.

Mientras caminaba hacia la facultad pensé, sin ironía, que aquello se parecía a un parto. No en el sentido místico, sino en el administrativo: algo había salido de mí, había sido registrado, y ahora quedaba en manos de otros. Me sentí extasiada. La palabra no es exagerada. Estaba feliz. Aliviada. Convencida de que había cruzado la parte difícil.

Firmé lo que había que firmar. Dejé la caja. Me fui.

Durante algunos días —pocos, pero intensos— viví con la sensación de haber cerrado una etapa. No celebré. No descorché nada. Pero respiré distinto. Pensé que, a partir de ese momento, el proceso seguiría su curso lógico. Evaluación. Devoluciones. Correcciones. Defensa.

No sabía que acababa de ingresar en una órbita de espera indefinida.

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