Capitulo XI El anexo
Capítulo XI
El anexo
(historia breve de una autorización
que nunca existió)
Después del dictamen, me indicaron
que debía hacer un anexo. No fue una sugerencia. Fue una instrucción. Me
dijeron que así se resolvía. Que era la forma adecuada.
Había aprendido a no cuestionar
demasiado las formas. Hablé con mi tutor. Analizamos las observaciones.
Decidimos cómo encarar el anexo. Lo escribí. Dos meses. En término. Con rigor.
Sin dramatismo.
Lo entregué.
Un mes
después, la respuesta fue otra:
—No, no se puede hacer en anexo.
La frase
quedó suspendida en el aire, como una corrección retroactiva del universo.
—¿Quién le dijo que se podía hacer así?
No supe qué responder. Porque
alguien lo había dicho. Porque no lo había imaginado. Porque no era un malentendido
mío. Era un problema de órbita institucional.
Entre la autorización y la entrega
había cambiado el director del posgrado.
El anterior se había ido sin dejar
instrucciones. Sin aclaraciones. Sin notas. Como si mi tesis fuera un objeto
sin trayectoria registrada.
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