Capitulo XVI La corrección infinita

 

Capítulo XVI

La corrección infinita

(o cómo aprender que siempre se puede tardar un poco más)

Después del episodio del anexo, el tiempo dejó de medirse en meses y empezó a medirse en desgaste. Ya no pensaba en “avanzar”, sino en “no retroceder”. El objetivo se había reducido drásticamente: mantener la tesis con vida.

Pedí audiencia con el jurado. Pensé que hablar aclararía las cosas. Que una conversación ordenaría lo que el papel había desordenado. Fue una idea ingenua, pero todavía conservaba restos de fe procedimental.

Uno de los jurados no quiso.
No dio explicaciones.
No propuso alternativas.
Simplemente no quiso.

La audiencia no se realizó.

No hubo escándalo. No hubo conflicto. Solo una negativa seca, como un objeto que rebota en el vacío sin dejar marca. Entendí entonces que el diálogo no era una instancia garantizada, sino una concesión eventual.

Tuve que integrar todas las observaciones directamente en la tesis. Reescribir. Reordenar. Agregar un capítulo que no quería agregar. No porque fuera incorrecto, sino porque era innecesario. Pero el doctorado no distingue entre lo necesario y lo exigido. Solo reconoce lo segundo.

Pasaron meses. Meses de trabajo silencioso. Meses en los que mi tutor seguía ahí, leyendo, alentando, devolviendo comentarios con una paciencia que parecía inagotable. Nunca me dijo “esto es absurdo”, pero su calma decía exactamente eso.

Volví a entregar.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Crónicas de un doctorado que nunca aterrizó a tiempo

Metodología

capitulo II Elegir Tutor