Capitulo XX La tesis busca planeta habitable

 

Capítulo XX

La tesis busca planeta habitable

Uno podría pensar —ingenuamente— que una vez defendida la tesis, el objeto académico encuentra reposo. Que se deposita en una órbita estable, se cataloga, se archiva y descansa. Grave error. La tesis, como todo cuerpo espacial, exige destino. Y el mío todavía no estaba definido.

Decidí publicarla.

No por vanidad, sino por supervivencia narrativa: después de todo lo ocurrido, dejarla inédita habría sido como abandonar un satélite perfectamente funcional en el espacio profundo. Así que empecé a buscar editorial.

Busqué editoriales accesibles a mi presupuesto.
Encontré editoriales.
Accesibles, no.

Los presupuestos parecían calculados en moneda intergaláctica. Cada mail que abría era una eyección de masa coronaria directa al sistema nervioso. Publicar una tesis especializada, me explicaban con delicadeza cósmica, no es negocio. Tema difícil. Público reducido. Mercado inexistente. La basura espacial, al parecer, no vende.

Finalmente encontré una editorial dispuesta. Milagro astronómico. No porque creyera en el éxito comercial del libro, sino justamente por lo contrario. Publicarlo sería, básicamente, un acto de caridad académica.

Entré en espera.

Esperé.

Esperé otra vez.

Hasta que llegó el mensaje.

La editorial cerraba.

No por mi tesis.
Por la situación financiera del país.

Ahí estaba yo otra vez, flotando en el vacío, con una tesis aprobada, defendida, corregida, reformulada, encuadernada y ahora huérfana editorial. El sistema solar había perdido otro planeta.

Volví a buscar. Ya sin entusiasmo. Con la resignación de quien acepta que el universo no se expande para darle respuestas, sino para darle trabajo.

Fue entonces cuando apareció Amazon.

Amazon y Kindle. El espacio exterior del espacio exterior. La autopublicación como último recurso gravitacional. Empecé a investigar tamaños, márgenes, formatos, portadas, metadatos. Todo lo que nadie te explica porque asumen que ya deberías saberlo. Yo, que había sobrevivido a jurados y directores mutantes, estaba siendo derrotada por el tamaño 6x9.

Pensé seriamente que ese sería el capítulo final: yo y mi tesis perdidas en el marketplace global, convertidas en un punto microscópico entre manuales de autoayuda y novelas eróticas.

Y entonces —cuando ya no esperaba nada— apareció el buen samaritano.

Un contacto.
Un nombre.
Una posibilidad.

No preguntó demasiado. No dudó. No exigió explicaciones cósmicas. Simplemente dijo: yo conozco a alguien.

Y así, contra toda probabilidad estadística, la tesis encontró imprenta.

Hoy se está imprimiendo.

En papel.
Con tinta.
En este planeta.

Después de haber sobrevivido a cambios de directores, jurados sin preguntas, anexos prohibidos retroactivamente, capítulos forzados y editoriales que desaparecen, mi tesis está siendo materializada. Volviendo a la materia. A la gravedad. Al objeto físico.

Todavía no terminó la historia. Pero por primera vez en mucho tiempo, el satélite descendió sin incendiarse.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Crónicas de un doctorado que nunca aterrizó a tiempo

Metodología

capitulo II Elegir Tutor