Coda Impresión bajo demanda

 

Coda

Impresión bajo demanda

(o el regreso al punto de partida)

Cuando por fin quise publicar la tesis, el universo mantuvo la coherencia.

Busqué editoriales. Eran inaccesibles, como si la publicación fuera un privilegio reservado a quienes no necesitan publicar. Encontré una que aceptaba el tema, pero no el contexto económico del país. Cerró. Sin dramatismo. Como se cierran las oficinas del posgrado: de un día para otro.

Pensé en Amazon. En Kindle. En la autoedición como órbita independiente. Nada heroico: práctico.

Y entonces apareció un buen samaritano.
No un funcionario.
No una autoridad.
Una persona.

Alguien con un contacto.
Un gesto mínimo.
Una maniobra sencilla que el sistema jamás había logrado.

Hoy la tesis se imprime.

Papel real. Tinta. Lomo. Peso específico.
Once años después, el objeto finalmente existe en el mundo físico.

Lo miro y pienso que es curioso:
empecé queriendo escribir sobre basura espacial
y terminé produciendo un objeto que demuestra que incluso lo que flota durante años,
si no se desintegra,
algún día cae.

No como meteorito.
Como prueba material de que estuve ahí.

Once años después, cierro este texto en el mismo lugar donde empezó:
una persona inteligente, obstinada, cínica y bienintencionada
que quiso entender el derecho espacial
y terminó cartografiando, sin proponérselo,
los restos de un sistema que todavía gira,
aunque nadie sepa muy bien por qué.

(última línea del libro, después de todo)

Si algo aprendí en estos once años es que la basura espacial no desaparece: se acumula, se desplaza lentamente y, de tanto en tanto, alguien finge no verla. Mi tesis, en cambio, terminó impresa. Lo cual demuestra que, contra toda probabilidad, yo sí logré reingresar a la atmósfera sin desintegrarme, aunque todavía no estoy segura de haber sido autorizada formalmente para hacerlo.

FIN

 

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