Capítulo XIX Aterrizaje forzoso (con toga) Llegué a la defensa puntualmente, lo cual, en retrospectiva, fue mi último gesto de ingenuidad. Le había pedido a una amiga que estuviera presente, como quien lleva testigo a un lanzamiento espacial por si algo explota. Era el 18 de marzo de 2025, a la tarde. El cumpleaños de mi hijo. Yo, celebrando la vida… defendiendo una tesis. Me dieron la toga obligatoria. La toga siempre llega a tiempo. La toga nunca duda. La toga es la única institución que funciona. Me vestí. Me senté. Esperé. Esperamos. El tiempo pasó con la densidad de un agujero negro administrativo. La sala estaba lista. Yo estaba lista. Mi tesis estaba lista. El jurado, no. Apareció el director del posgrado y, con voz grave de centro de control, anunció: —Uno de los jurados tuvo un imprevisto. Falleció un familiar. Silencio cósmico. Nadie sabía qué hacer con esa información. No se suspendió nada. No se reprogramó nada. Simplemente se aceptó que la tragedia ...